La Naturaleza Es Una Gran Maestra

La Naturaleza es una gran Maestro, fuente de belleza y de radiación vibratoria muy elevada. Saber sincronizarse a su ritmo es una clave importante para la transformación. El mundo decadente en que vivimos ha separado a millones de personas del contacto con la Naturaleza; la agresividad y la violencia que hay actualmente en las ciudades es una de sus consecuencias. Los niños que han crecido al margen de ese contacto se encuentran desprovistos de medios con los que contrarrestar el desarrollo de los viejos mecanismos mentales-emocionales de la personalidad, y son fácilmente manipulables. Es ser humano necesita el contacto profundo con la Naturaleza en todas sus formas. En la civilización futura, el hábitat humano cambiará por completo, de modo que todos y cada uno podrán estar en contacto permanente con ese alimento del alma que nos ofrece la madre Tierra. Tomarse el tiempo necesario para vincularse profundamente con las fuerzas de la Naturaleza en medio del silencio, de la meditación o durante un paseo o estancia en el bosque, por ejemplo, proporciona un alimento espiritual del más alto nivel. A ello va unido, como es natural, un profundo respeto por la Naturaleza que permite establecer contacto con las fuerzas sutiles que generan esa belleza. Los “espíritus de la Naturaleza” los grandes “devas” del agua, del viento y de todas las fuerzas que mantienen esa potente vida en el seno de la Naturaleza tienen mucho que enseñarnos. Son energías conscientes, distintas a nosotros, ciertamente, pero que participan de forma activa en el mantenimiento y florecimiento del planeta. Respetando su presencia, abriéndonos a ella, podremos enriquecer enormemente nuestro camino interior.

El reconocimiento de las fuerzas sutiles de la Naturaleza no es una fantasía de la Nueva Era ni algo exclusivo de los cuentos de hadas (de hecho los “cuentos de hadas” están llenos de enseñanzas notables. Sólo hay que descifrar el simbolismo de lo que pretenden transmitir). Todas las tradiciones han reconocido desde siempre la existencia de dichas fuerzas sutiles. Sólo la sociedad materialista ha permanecido ciega a ellas. No podemos escapar al hecho de que vivimos todos en un inmenso campo de energía quántica del que la Naturaleza, con todas sus energías sutiles y conscientes, forma parte. La “buena” relación que mantengamos con ella es primordial para nuestro bienestar a todos los niveles. Es evidente que la civilización actual ha olvidado por completo el respeto que le debe, y explota de forma violenta y frenética todos los recursos naturales. Estamos pagándolo caro, y lo pagaremos más aún. Si restablecemos el contacto profundo y sutil con todas las fuerzas de la Naturaleza, si la respetamos y se lo transmitimos así a los niños –que son muy receptivos– podremos restablecer el equilibrio y la comunicación con ella, tanto en beneficio nuestro como de toda la comunidad humana (las experiencias de los jardines de Findhorn, hace ahora cuarenta años, y de otros lugares, han demostrado que renovar el contacto con las fuerzas sutiles de la Naturaleza y aliarse con ellas conduce a resultados absolutamente prodigiosos. Los actuales métodos de cultivo, tan destructores, podrían sustituirse por otros mucho más en armonía con la ecología del planeta. Y no nos referimos simplemente a la agricultura ecológica, que, en sí, es un buen punto de partida, sino a algo que va mucho más allá.)

En la actualidad existen muchas publicaciones que ayudan a abrir el corazón y la mente a esa realidad tan distinta del reino humano y, sin embargo, tan cercana y vital para nuestro desarrollo. Si nuestra vida nos lo permite, lo ideal es tener un jardín, por pequeño que sea, para tener un contacto directo con todo lo que crezca en él. Es una práctica sanadora que eleva el espíritu. Pasar un rato sentado en el jardín observando las flores, simplemente, y entrar en contacto con sus fuerzas sutiles desde un corazón abierto puede impulsarnos hacia una dimensión distinta de la conciencia en la que tal vez sintamos otras presencias, otras energías –no importa el nombre que se les dé–, lo cual beneficia mucho al alma. Pero para ello hay que detenerse, piense lo que piense la mente, siempre tan ocupada, que sin duda hallará cosas que hacer mucho más urgentes e interesantes que permanecer en silencio (en apariencia, como un tonto) ante una mata de capuchinas… Pero no es ninguna tontería; incluso puede abrirnos muchas puertas…

Retirarse en el silencio y el esplendor majestuoso de la Naturaleza como el ser hasta la plenitud, relaja la mente e inunda el corazón de serenidad. (Ma Deva Padma)

De entre todas las fuerzas de la Naturaleza, el agua es la que produce en nosotros, seres humanos, el impacto más benéfico. Como bien sabemos, el agua es el símbolo de las emociones. Además, alimenta multitud de vidas sutiles que ejercen una acción purificadora en el entorno. En el plano físico, se utiliza para lavar y limpiar. Para lavarnos la cara o un vestido, no utilizamos tierra ni aire ni fuego, sino agua. Lo mismo ocurre en los planos sutiles. Los elementos sutiles del agua tienen también un efecto purificador en nuestros cuerpos sutiles, en especial en el cuerpo emocional. Los antiguos conocían su fuerza benéfica, de ahí que se utilizara en muchos rituales de purificación en los templos o lugares sagrados en los que se podía recibir su influencia. Estar cerca de aguas tranquilas en un lugar apacible, meditar y abrir el corazón para recibir su energía, aporta mucha paz y serenidad al cuerpo emocional. El agua del mar, más activa, proporcionará una sanación diferente, más dinámica, ya que en general está unida al espíritu del viento. Todas esas energías, cualquiera que sea el nombre que se les dé, forman parte del campo quántico y podemos acceder a él.

Annie Marquier: El maestro del corazón, cap. 18-II

Medios

whatsapp